jueves, 20 de octubre de 2011

Penélope Cruz (La Celestina, 1996)

Hola queridos estudiantes:

Les he colgado algunas de las principales escenas de la versión en cine del texto de la literatura española . LA CELESTINA, del autor Fernando Rojas. Luego deben leer algunos de los actos que a continuación aparecen para que puedan realizar la actividad que les propongo.




















ACTIVIDAD EN PAREJAS:

Lean los siguientes diálogos de una parte de la obra relaciónenlos con
Los vídeos, para que puedan responder a las siguientes preguntas:

1. Si la versión cinematográfica se basa en la versión literaria escrita, cuáles aspectos (uso de palabras, personajes y su descripción, época, costumbres, clases sociales, alimentación, organización de la ciudad, modo de vivir y otros aspectos culturales) se corresponden entre ambas versiones.

2. Si la versión cinematográfica no se basa en la versión literaria escrita, cuáles aspectos (uso de palabras, personajes y su descripción, época, costumbres, clases sociales, alimentación, organización de la ciudad, modo de vivir y otros aspectos culturales) se corresponden entre ambas versiones.

3. Cuáles serían los aspectos que se destacan en la versión cinematográfica y en la versión literaria.

4. Cuales aspectos aparecen en la versión cinematográfica que no están presentes en la versión literaria y viceversa.

5. Haciendo uso de tu creatividad elabora un diálogo entre personajes que manteniendo el tema de la versión literaria antigua represente la misma situación pero en la sociedad actual. Para esto debes pensar en personajes actuales, uso del lenguaje actual, lugares y cultura actual.

ARGUMENTO DEL PRIMER ACTO DE ESTA COMEDIA
Entrando Calisto en una huerta en pos de un halcón suyo, halló ahí a Melibea, de cuyo amor preso, comenzole de hablar. De la cual rigurosamente despedido, fue para su casa muy angustiado. Habló con un criado suyo llamado Sempronio, el cual, después de muchas razones, le enderezó a una vieja llamada Celestina, en cuya casa tenía el mismo criado una enamorada llamada Elicia, la cual, viniendo Sempronio a casa de Celestina con el negocio de su amo, tenía a otro consigo, llamado Crito, al cual escondieron. Entretanto que Sempronio está negociando con Celestina, Calisto está razonando con otro criado suyo, por nombre Pármeno, el cual razonamiento dura hasta que llega Sempronio y Celestina a casa de Calisto. Pármeno fue conocido de Celestina, la cual mucho le dice de los hechos y conocimiento de su madre, induciéndole a amor y concordia de Sempronio
PÁRMENO, CALISTO, MELIBEA, SEMPRONIO, CELESTINA,ELICIA, CRITO.
CALISTO.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?
CALISTO.- En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mí, inmérito, tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido. ¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como ahora el mío? Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡oh triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.
MELIBEA.- ¿Por gran premio tienes éste, Calisto?
CALISTO.- Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.
MELIBEA.- Pues aun más igual galardón te daré yo si perseveras.
CALISTO.- ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!
MELIBEA.- Más desaventuradas de que me acabes de oír, porque la paga será tan fiera cual merece tu loco atrevimiento y el intento de tus palabras ha sido. ¿Cómo de ingenio de tal hombre como tú haber de salir para se perder en la virtud de tal mujer como yo? ¡Vete, vete de ahí, torpe!, que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo en ilícito amor comunicar su deleite.
CALISTO.- Iré como aquel contra quien solamente la adversa fortuna pone su estudio con odio cruel.
CALISTO.- ¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?
SEMPRONIO.- Aquí soy, señor, curando de estos caballos.
CALISTO.- Pues, ¿cómo sales de la sala?
SEMPRONIO.- Abatiose el gerifalte y vínele a enderezar en el alcándara.
CALISTO.- ¡Así los diablos te ganen! ¡Así por infortunio arrebatado perezcas o perpetuo intolerable tormento consigas, el cual en grado incomparablemente a la penosa y desastrada muerte que espero traspasa! ¡Anda, anda, malvado!, abre la cámara y endereza la cama.
SEMPRONIO.- Señor, luego hecho es.
CALISTO.- Cierra la ventana y deja la tiniebla acompañar al triste y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no son dignos de luz. ¡Oh bienaventurada muerte aquella que, deseada a los afligidos, viene! ¡Oh, si vinieseis ahora, Crato y Galieno médicos, sentiríais mi mal! ¡Oh, piedad de Seleuco, inspira en el plebérico corazón, por que, sin esperanza de salud, no envíe el espíritu perdido con el del desastrado Píramo y de la desdichada Tisbe!
SEMPRONIO.- ¿Qué cosa es?
CALISTO.- ¡Vete de ahí! No me hables, si no, quizá, antes del tiempo de rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin.
SEMPRONIO.- Iré, pues solo quieres padecer tu mal.
CALISTO.- ¡Ve con el diablo!
SEMPRONIO.- No creo, según pienso, ir conmigo el que contigo queda. ¡Oh desventura! ¡Oh súpito mal! ¿Cuál fue tan contrario acontecimiento que así tan presto robó el alegría de este hombre y, lo que peor es, junto con ella el seso? ¿Dejarle he solo o entraré allá? Si le dejo, matarse ha, si entro allá, matarme ha. Quédese, no me curo, más vale que muera aquel a quien es enojosa la vida que no yo, que huelgo con ella. Aunque por ál no desease vivir sino por ver mi Elicia, me debería guardar de peligros. Pero, si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero entrar. Mas, puesto que entre, no quiere consolación ni consejo. Asaz es señal mortal no querer sanar. Con todo, quiérole dejar un poco desbrave, madure, que oído he decir que es peligro abrir o apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté un poco, dejemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y suspiros mucho desenconan el corazón dolorido. Y aun, si delante me tiene, más conmigo se encenderá, que el sol más arde donde puede reverberar. La vista, a quien objeto no se antepone, cansa, y, cuando aquél es cerca, agúzase. Por eso quiérome sufrir un poco. Si entretanto se matare, muera; quizá con algo me quedaré que otro no sabe, con que mude el pelo malo. Aunque malo es esperar salud en muerte ajena, y quizá me engaña el diablo y, si muere, matarme han e irán allá la soga y el calderón. Por otra parte, dicen los sabios que es grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuitas llorar y que la llaga interior más empece. Pues, en estos extremos en que estoy perplejo, lo más sano es entrar y sufrirle y consolarle, porque, si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es guarecer por arte y por cura.
CALISTO.- Sempronio.
SEMPRONIO.- Señor.
CALISTO.- Dame acá el laúd.
SEMPRONIO.- Señor, vesle aquí.
CALISTO
¿Cuál dolor puede ser tal
que se iguale con mi mal?
SEMPRONIO.- Destemplado está ese laúd.
CALISTO.- ¿Cómo templará el destemplado? ¿Cómo sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde, aquel en quien la voluntad a la razón no obedece? ¿Quién tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a una causa? Pero tañe y canta la más triste canción que sepas.
SEMPRONIO
Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía;
gritos dan niños y viejos
y él de nada se dolía.
CALISTO.- Mayor es mi fuego y menor la piedad de quien yo ahora digo.
SEMPRONIO.- No me engaño yo, que loco está este mi amo.
CALISTO.- ¿Qué estás murmurando, Sempronio?
SEMPRONIO.- No digo nada.
CALISTO.- Di lo que dices, no temas.
SEMPRONIO.- Digo que ¿cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un vivo que el que quemó tal ciudad y tanta multitud de gente?
CALISTO.- ¿Cómo? Yo te lo diré. Mayor es la llama que dura ochenta años que la que en un día pasa, y mayor la que mata un ánima que la que quemó cien mil cuerpos. Como de la aparencia a la existencia, como de lo vivo a lo pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia hay del fuego que dices al que me quema. Por cierto, si el de purgatorio es tal, más querría que mi espíritu fuese con los de los brutos animales que por medio de aquél ir a la gloria de los santos.
SEMPRONIO.- ¡Algo es lo que digo! ¡A más ha de ir este hecho! No basta loco, sino hereje.
CALISTO.- ¿No te digo que hables alto cuando hablares? ¿Qué dices?
SEMPRONIO.- Digo que nunca Dios quiera tal, que es especie de herejía lo que ahora dijiste.
CALISTO.- ¿Por qué?
SEMPRONIO.- Porque lo que dices contradice la cristiana religión.
CALISTO.- ¿Qué a mí?
SEMPRONIO.- ¿Tú no eres cristiano?
CALISTO.- ¿Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro, y en Melibea creo y a Melibea amo.
SEMPRONIO.- Tú te lo dirás. Como Melibea es grande, no cabe en el corazón de mi amo, que por la boca le sale a borbollones. No es más menester. Bien sé de qué pie coxqueas. Yo te sanaré.
CALISTO.- Increíble cosa prometes.
SEMPRONIO.- Antes fácil, que el comienzo de la salud es conocer hombre la dolencia del enfermo.
CALISTO.- ¿Cuál consejo puede regir lo que en sí no tiene orden ni consejo?
SEMPRONIO.- ¡Ja, ja, ja! ¿Éste es el fuego de Calisto? ¿Éstas son sus congojas? ¡Como si solamente el amor contra él asestara sus tiros! ¡Oh soberano Dios, cuán altos son tus misterios! ¡Cuánta premia pusiste en el amor, que es necesaria turbación en el amante! Su límite pusiste por maravilla. Parece al amante que atrás queda. Todos pasan, todos rompen, pungidos y esgarrochados como ligeros toros, sin freno saltan por las barreras. Mandaste al hombre por la mujer dejar el padre y la madre. Ahora no sólo aquello, mas a Ti y a tu ley desamparan, como ahora Calisto, del cual no me maravillo, pues los sabios, los santos, los profetas, por él te olvidaron.
CALISTO.- Sempronio.
SEMPRONIO.- Señor.
CALISTO.- No me dejes.
SEMPRONIO.- De otro temple está esta gaita.
CALISTO.- ¿Qué te parece de mi mal?
SEMPRONIO.- Que amas a Melibea.
CALISTO.- ¿Y no otra cosa?
SEMPRONIO.- Harto mal es tener la voluntad en un solo lugar cautiva.
CALISTO.- Poco sabes de firmeza.
SEMPRONIO.- La perseverancia en el mal no es constancia, mas dureza, o pertinacia la llaman en mi tierra. Vosotros los filósofos de Cupido llamadla como queráis.
CALISTO.- Torpe cosa es mentir el que enseña a otro, pues que tú precias de loar a tu amiga Elicia.
SEMPRONIO.- Haz tú lo que bien digo y no lo que mal hago.
CALISTO.- ¿Qué me repruebas?
SEMPRONIO.- Que sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la flaca mujer.
CALISTO.- ¿Mujer? ¡Oh grosero! ¡Dios, Dios!
SEMPRONIO.- ¿Y así lo crees, o burlas?
CALISTO.- ¿Que burlo? Por Dios la creo, por Dios la confieso y no creo que hay otro soberano en el cielo aunque entre nosotros mora.
SEMPRONIO.- ¡Ja, ja, ja! ¿Oíste qué blasfemia? ¿Viste qué ceguedad?
CALISTO.- ¿De qué te ríes?
SEMPRONIO.- Ríome, que no pensaba que había peor invención de pecado que en Sodoma.
CALISTO.- ¿Cómo?
SEMPRONIO.- Porque aquellos procuraron abominable uso con los ángeles no conocidos y tú con el que confiesas ser Dios.
CALISTO.- ¡Maldito seas!, que hecho me has reír, lo que no pensé hogaño.
SEMPRONIO.- ¿Pues qué?, ¿toda tu vida habías de llorar?
CALISTO.- Sí.
SEMPRONIO.- ¿Por qué?
CALISTO.- Porque amo a aquella ante quien tan indigno me hallo que no la espero alcanzar.
SEMPRONIO.- ¡Oh pusilánime! ¡Oh hideputa! ¡Qué Nembrot, qué Magno Alejandro, los cuales no sólo del señorío del mundo, mas del cielo se juzgaron ser dignos!
CALISTO.- No te oí bien eso que dijiste. Torna, dilo, no procedas.
SEMPRONIO.- Dije que tú, que tienes más corazón que Nembrot ni Alejandro, desesperas de alcanzar una mujer, muchas de las cuales en grandes estados constituidas se sometieron a los pechos y resuellos de viles acemileros y otras a brutos animales. ¿No has leído de Pasífae con el toro, de Minerva con el can?
CALISTO.- No lo creo; hablillas son.
SEMPRONIO.- Lo de tu abuela con el jimio, ¿hablilla fue? Testigo es el cuchillo de tu abuelo.
CALISTO.- ¡Maldito sea este necio! ¡Y qué porradas dice!
SEMPRONIO.- ¿Escociote? Lee los historiales, estudia los filósofos, mira los poetas. Llenos están los libros de sus viles y malos ejemplos, y de las caídas que llevaron los que en algo, como tú, las reputaron. Oye a Salomón do dice que las mujeres y el vino hacen a los hombres renegar. Conséjate con Séneca y verás en qué las tiene. Escucha al Aristóteles, mira a Bernardo. Gentiles, judíos, cristianos y moros, todos en esta concordia están. Pero lo dicho y lo que de ellas dijere no te contezca error de tomarlo en común, que muchas hubo y hay santas y virtuosas y notables, cuya resplandeciente corona quita el general vituperio. Pero de estas otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfagos, sus cambios, su liviandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que piensan, osan sin deliberar: sus disimulaciones, su lengua, su engaño, su olvido, su desamor, su ingratitud, su inconstancia, su testimoniar, su negar, su revolver, su presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su soberbia, su sujeción, su parlería, su golosina, su lujuria y suciedad, su miedo, su atrevimiento, sus hechicerías, sus embaimientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüenza, su alcahuetería. Considera qué sesito está debajo de aquellas grandes y delgadas tocas, qué pensamientos so aquellas gorgueras, so aquel fausto, so aquellas largas y autorizantes ropas. ¡Qué imperfección, qué albañales debajo de templos pintados! Por ellas es dicho «arma del diablo, cabeza de pecado, destrucción de paraíso». ¿No has rezado en la festividad de San Juan, do dice: «Ésta es la mujer, antigua malicia que a Adán echó de los deleites de paraíso; ésta el linaje humano metió en el infierno; a ésta menospreció Elías profeta, etc.»?
CALISTO.- Di, pues ese Adán, ese Salomón, ese David, ese Aristóteles, ese Virgilio, esos que dices, como se sometieron a ellas, ¿soy más que ellos?
SEMPRONIO.- A los que las vencieron querría que remedases, que no a los que de ellas fueron vencidos. Huye de sus engaños. ¿Sabes qué hacen? Cosas que es difícil entenderlas. No tienen modo, no razón, no intención; por rigor encomienzan el ofrecimiento que de sí quieren hacer. A los que meten por los agujeros denuestan en la calle, convidan, despiden, llaman, niegan, señalan amor, pronuncian enemiga, ensáñanse presto, apacíguanse luego. Quieren que adivinen lo que quieren. ¡Oh, qué plaga! ¡Oh, qué enojo! ¡Oh, qué hastío es conferir con ellas más de aquel breve tiempo que aparejadas son a deleite!
CALISTO.- ¿Ves? Mientras más me dices y más inconvenientes me pones, más la quiero. No sé qué es.
SEMPRONIO.- No es este juicio para mozos, según veo, que no se saben a razón someter, no se saben administrar. Miserable cosa es pensar ser maestro el que nunca fue discípulo.
CALISTO.- Y tú, ¿qué sabes? ¿Quién te mostró esto?
SEMPRONIO.- ¿Quién? Ellas, que, desde que se descubren, así pierden la vergüenza, que todo esto y aun más a los hombres manifiestan. Ponte, pues, en la medida de honra, piensa ser más digno de lo que te reputas. Que, cierto, peor extremo es dejarse hombre caer de su merecimiento que ponerse en más alto lugar que debe.
CALISTO.- Pues, ¿quién yo para eso?
SEMPRONIO.- ¿Quién? Lo primero eres hombre y de claro ingenio; y más, a quien la natura dotó de los mejores bienes que tuvo. Conviene a saber, hermosura, gracia, grandeza de miembros, fuerza, ligereza, y, allende de esto, fortuna medianamente partió contigo lo suyo en tal cantidad, que los bienes que tienes de dentro con los de fuera resplandecen. Porque sin los bienes de fuera, de los cuales la fortuna es señora, a ninguno acaece en esta vida ser bienaventurado. Y más, a constelación de todos eres amado.
CALISTO.- Pero no de Melibea, y en todo lo que me has gloriado, Sempronio, sin proporción ni comparación se aventaja Melibea. ¿Miras la nobleza y antigüedad de su linaje, el grandísimo patrimonio, el excelentísimo ingenio, las resplandecientes virtudes, la altitud e inefable gracia, la soberana hermosura, de la cual te ruego me dejes hablar un poco, por que haya algún refrigerio? Y lo que te dijere será de lo descubierto, que, si de lo oculto yo hablarte supiera, no nos fuera necesario altercar tan miserablemente estas razones.
SEMPRONIO.- ¿Qué mentiras y qué locuras dirá ahora este cautivo de mi amo?
CALISTO.- ¿Cómo es eso?
SEMPRONIO.- Dije que digas, que muy gran placer habré de lo oír. ¡Así te medre Dios como me será agradable ese sermón!
CALISTO.- ¿Qué?
SEMPRONIO.- ¡Que así me medre Dios como me será gracioso de oír!
CALISTO.- Pues, por que hayas placer, yo lo figuraré por partes mucho por extenso.
SEMPRONIO.- ¡Duelos tenemos! Esto es tras lo que yo andaba. De pasarse habrá ya esta importunidad.
CALISTO.- Comienzo por los cabellos. ¿Ves tú las madejas del oro delgado que hilan en Arabia? Más lindos son y no resplandecen menos. Su longura hasta el postrero asiento de sus pies, después crinados y atados con la delgada cuerda, como ella se los pone, no ha más menester para convertir los hombres en piedras.
SEMPRONIO.- Más en asnos.
CALISTO.- ¿Qué dices?
SEMPRONIO.- Dije que esos tales no serían cerdas de asno.
CALISTO.- ¡Ved qué torpe y qué comparación!
SEMPRONIO.- ¿Tú cuerdo?
CALISTO.- Los ojos verdes rasgados, las pestañas luengas, las cejas delgadas y alzadas, la nariz mediana, la boca pequeña, los dientes menudos y blancos, los labios colorados y grosezuelos, el torno del rostro poco más luengo que redondo, el pecho alto, la redondez y forma de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? ¡Que se despereza el hombre cuando las mira! La tez lisa, lustrosa, el cuero suyo oscurece la nieve, la color mezclada, cual ella la escogió para sí.
SEMPRONIO.- ¡En sus trece está este necio!
CALISTO.- Las manos pequeñas en mediana manera, de dulce carne acompañadas; los dedos luengos; las uñas en ellos largas y coloradas, que parecen rubíes entre perlas. Aquella proporción, que ver yo no pude, no sin duda, por el bulto de fuera juzgo incomparablemente ser mejor que la que Paris juzgó entre las tres deesas.
SEMPRONIO.- ¿Has dicho?
CALISTO.- Cuan brevemente pude.
SEMPRONIO.- Puesto que sea todo eso verdad, por ser tú hombre eres más digno.
CALISTO.- ¿En qué?
SEMPRONIO.- ¿En qué? Ella es imperfecta, por el cual defecto desea y apetece a ti y a otro menor que tú. ¿No has leído el filósofo do dice «así como la materia apetece a la forma, así la mujer al varón»?
CALISTO.- ¡Oh triste!, y ¿cuándo veré yo eso entre mí y Melibea?
SEMPRONIO.- Posible es, y aunque la aborrezcas cuanto ahora la amas, podrá ser alcanzándola y viéndola con otros ojos libres del engaño en que ahora estás.
CALISTO.- ¿Con qué ojos?
SEMPRONIO.- Con ojos claros.
CALISTO.- Y ahora, ¿con qué la veo?
SEMPRONIO.- Con ojos de alinde, con que lo poco parece mucho y lo pequeño grande. Y por que no te desesperes, yo quiero tomar esta empresa de cumplir tu deseo.
CALISTO.- ¡Oh, Dios te dé lo que deseas, que glorioso me es oírte aunque no espero que lo has de hacer!
SEMPRONIO.- Antes lo haré cierto.
CALISTO.- Dios te consuele. El jubón de brocado que ayer vestí, Sempronio, vístelo tú.
SEMPRONIO.- Prospérete Dios por éste y por muchos más que me darás. De la burla yo me llevo lo mejor. Con todo, si de estos aguijones me da, traérsela he hasta la cama. ¡Bueno ando! Hácelo esto que me dio mi amo, que sin merced imposible es obrarse bien ninguna cosa.
CALISTO.- No seas ahora negligente.
SEMPRONIO.- No lo seas tú, que imposible es hacer siervo diligente el amo perezoso.
CALISTO.- ¿Cómo has pensado de hacer esta piedad?
SEMPRONIO.- Yo te lo diré. Días ha grandes que conozco en fin de esta vecindad una vieja barbuda que se dice Celestina, hechicera, astuta, sagaz en cuantas maldades hay. Entiendo que pasan de cinco mil virgos los que se han hecho y deshecho por su autoridad en esta ciudad. A las duras peñas promoverá y provocará a lujuria si quiere.
CALISTO.- ¿Podríala yo hablar?
SEMPRONIO.- Yo te la traeré hasta acá. Por eso, aparéjate, sele gracioso, sele franco, estudia, mientras voy yo a le decir tu pena tan bien como ella te dará el remedio.
CALISTO.- ¿Y tardas?
SEMPRONIO.- Ya voy; quede Dios contigo.
CALISTO.- Y contigo vaya. ¡Oh todopoderoso, perdurable Dios!, Tú que guías los perdidos y los reyes orientales por el estrella precedente a Belén trajiste y en su patria los redujiste, humilmente te ruego que guíes a mi Sempronio, en manera que convierta mi pena y tristeza en gozo, y yo, indigno, merezca venir en el deseado fin.
CELESTINA.- ¡Albricias, albricias, Elicia! ¡Sempronio, Sempronio!
ELICIA.- ¡Ce, ce, ce!
CELESTINA.- ¿Por qué?
ELICIA.- Porque está aquí Crito.
CELESTINA.- ¡Mételo en la camarilla de las escobas! ¡Presto! Dile que viene tu primo y mi familiar.
ELICIA.- ¡Crito, retráete ahí; mi primo viene, perdida soy!
CRITO.- Pláceme. No te congojes.
SEMPRONIO.- ¡Madre bendita, qué deseo traigo! ¡Gracias a Dios que te me dejó ver!
CELESTINA.- ¡Hijo mío!, ¡rey mío!, turbado me has. No te puedo hablar; torna y dame otro abrazo. ¿Y tres días pudiste estar sin vernos? ¡Elicia, Elicia, cátale aquí!
ELICIA.- ¿A quién, madre?
CELESTINA.- A Sempronio.
ELICIA.- ¡Ay, triste, qué saltos me da el corazón! ¿Y qué es de él?
CELESTINA.- Vele aquí, vele. Yo me le abrazaré, que no tú.
ELICIA.- ¡Ay, maldito seas, traidor! Postema y landre te mate y a manos de tus enemigos mueras, y por crímenes dignos de cruel muerte en poder de rigurosa justicia te veas. ¡Ay, ay!
SEMPRONIO.- ¡Ji, ji, ji! ¿Qué es, mi Elicia?, ¿de qué te congojas?
ELICIA.- Tres días ha que no me ves. ¡Nunca Dios te vea, nunca Dios te consuele ni visite! ¡Guay de la triste que en ti tiene su esperanza y el fin de todo su bien!
SEMPRONIO.- ¡Calla, señora mía! ¿Tú piensas que la distancia del lugar es poderosa de apartar el entrañable amor, el fuego que está en mi corazón? Do yo voy, conmigo vas, conmigo estás. No te aflijas ni me atormentes más de lo que yo he padecido; mas di, ¿qué pasos suenan arriba?
ELICIA.- ¿Quién? Un mi enamorado.
SEMPRONIO.- Pues créolo.
ELICIA.- ¡Alahé, verdad es! Sube allá y verlo has.
SEMPRONIO.- Voy.
CELESTINA.- ¡Anda acá! Deja esa loca, que es liviana y turbada de tu ausencia. Sácasla ahora de seso; dirá mil locuras. Ven y hablemos; no dejemos pasar el tiempo en balde.
SEMPRONIO.- Pues, ¿quién está arriba?
CELESTINA.- ¿Quiéreslo saber?
SEMPRONIO.- Quiero.
CELESTINA.- Una moza que me encomendó un fraile.
SEMPRONIO.- ¿Qué fraile?
CELESTINA.- No lo procures.
SEMPRONIO.- Por mi vida, madre, ¿qué fraile?
CELESTINA.- ¿Porfías? El ministro, el gordo.
SEMPRONIO.- ¡Oh, desaventurada, y qué carga espera!
CELESTINA.- Todo lo llevamos. Pocas mataduras has tú visto en la barriga.
SEMPRONIO.- Mataduras no; mas petreras sí.
CELESTINA.- ¡Ay, burlador!
SEMPRONIO.- Deja; si soy burlador, muéstramela.
ELICIA.- ¡Ah, don malvado! ¿Verla quieres? ¡Los ojos se te salten, que no basta a ti una ni otra! ¡Anda, vela y deja a mí para siempre!
SEMPRONIO.- ¡Calla, Dios mío! ¿Y enójaste? Que ni quiero ver a ella ni a mujer nacida. A mi madre quiero hablar, y quédate a Dios.
ELICIA.- ¡Anda, anda, vete, desconocido, y está otros tres años que no me vuelvas a ver!
SEMPRONIO.- Madre mía, bien tendrás confianza y creerás que no te burlo. Toma el manto y vamos, que por el camino sabrás lo que, si aquí me tardase en decirte, impediría tu provecho y el mío.
CELESTINA.- Vamos. Elicia, quédate a Dios, cierra la puerta. ¡A Dios, paredes!
SEMPRONIO.- ¡Oh madre mía! Todas cosas dejadas aparte, solamente sé atenta e imagina en lo que te dijere. Y no derrames tu pensamiento en muchas partes, que quien junto en diversos lugares le pone, en ninguno lo tiene, si no por caso determina lo cierto. Quiero que sepas de mí lo que no has oído, y es que jamás pude, después que mi fe contigo puse, desear bien de que no te cupiese parte.
CELESTINA.- Parta Dios, hijo, de lo suyo contigo, que no sin causa lo hará, siquiera porque has piedad de esta pecadora de vieja. Pero di, no te detengas, que la amistad que entre ti y mí se afirma no ha menester preámbulos, ni correlarios, ni aparejos para ganar voluntad. Abrevia y ven al hecho, que vanamente se dice por muchas palabras lo que por pocas se puede entender.
SEMPRONIO.- Así es. Calisto arde en amores de Melibea. De ti y de mí tiene necesidad. Pues juntos nos ha menester, juntos nos aprovechemos, que conocer el tiempo y usar el hombre de la oportunidad hace los hombres prósperos.
CELESTINA.- Bien has dicho, al cabo estoy. Basta para mí mecer el ojo. Digo que me alegro de estas nuevas como los cirujanos de los descalabrados. Y como aquellos dañan en los principios las llagas y encarecen el prometimiento de la salud, así entiendo yo hacer a Calisto: alargarle he la certinidad del remedio, porque, como dicen, «el esperanza luenga aflige el corazón» y, cuanto él la perdiere, tanto se la promete. ¡Bien me entiendes!
SEMPRONIO.- Callemos, que a la puerta estamos y, como dicen, las paredes han oídos.
CELESTINA.- Llama.
SEMPRONIO.- Ta, ta, ta.
CALISTO.- Pármeno.
PÁRMENO.- Señor.
CALISTO.- ¿No oyes, maldito sordo?
PÁRMENO.- ¿Qué es, señor?
CALISTO.- A la puerta llaman. ¡Corre!
PÁRMENO.- ¿Quién es?
SEMPRONIO.- Abre a mí y a esta dueña.
PÁRMENO.- Señor, Sempronio y una puta vieja alcoholada daban aquellas porradas.
CALISTO.- ¡Calla, calla, malvado, que es mi tía! ¡Corre, corre, abre! Siempre lo vi, que por huir hombre de un peligro, cae en otro mayor. Por encubrir yo este hecho de Pármeno, a quien amor o fidelidad o temor pusieran freno, caí en indignación de ésta, que no tiene menor poderío en mi vida que Dios.
PÁRMENO.- ¿Por qué, señor, te matas? ¿Por qué, señor, te congojas? ¿Y tú piensas que es vituperio en las orejas de ésta el nombre que la llamé? No lo creas, que así se glorifica en le oír, como tú cuando dicen «diestro caballero es Calisto». Y demás de esto es nombrada y por tal título conocida. Si entre cien mujeres va y alguno dice «¡puta vieja!», sin ningún empacho luego vuelve la cabeza y responde con alegre cara. En los convites, en las fiestas, en las bodas, en las cofradías, en los mortuorios, en todos los ayuntamientos de gentes, con ella pasan tiempo. Si pasa por los perros, aquello suena su ladrido; si está cerca las aves, otra cosa no cantan; si cerca los ganados, balando lo pregonan; si cerca las bestias, rebuznando dicen «¡puta vieja!». Las ranas de los charcos otra cosa no suelen mentar. Si va entre los herreros, aquello dicen sus martillos. Carpinteros y armeros, herradores, caldereros, arcadores, todo oficio de instrumento forma en el aire su nombre. Cantan los carpinteros, péinanla los peinadores, tejedores, labradores en las huertas, en las aradas, en las viñas, en las segadas con ella pasan el afán cotidiano. Al perder en los tableros, luego suenan sus loores. Todas cosas que son hacen, a doquiera que ella está, el tal nombre representan. ¡Oh, qué comedor de huevos asados era su marido! ¡Qué quieres más, sino que si una piedra topa con otra luego suena «¡puta vieja!»!
CALISTO.- Y tú, ¿cómo lo sabes y la conoces?
PÁRMENO.- Saberlo has. Días grandes son pasados que mi madre, mujer pobre, moraba en su vecindad, la cual, rogada por esta Celestina, me dio a ella por sirviente; aunque ella no me conoce por lo poco que la serví y por la mudanza que la edad ha hecho.
CALISTO.- ¿De qué la servías?
PÁRMENO.- Señor, iba a la plaza y traíale de comer, y acompañábala, suplía en aquellos menesteres que mi tierna fuerza bastaba. Pero de aquel poco tiempo que la serví, recogía la nueva memoria lo que la vieja no ha podido quitar. Tiene esta buena dueña al cabo de la ciudad, allá cerca de las tenerías, en la cuesta del río, una casa apartada, medio caída, poco compuesta y menos abastada. Ella tenía seis oficios; conviene saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primero oficio cobertura de los otros, so color del cual muchas mozas de estas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y gorgueras, y otras muchas cosas. Ninguna venía sin torrezno, trigo, harina o jarro de vino, y de las otras provisiones que podían a sus amas hurtar; y aun otros hurtillos de más cualidad allí se encubrían. Asaz era amiga de estudiantes y despenseros y mozos de abades. A éstos vendía ella aquella sangre inocente de las cuitadillas, la cual ligeramente aventuraban en esfuerzo de la restitución que ella les prometía. Subió su hecho a más, que por medio de aquéllas comunicaba con las más encerradas hasta traer a ejecución su propósito. Y aquéstas, en tiempo honesto, como estaciones, procesiones de noche, misas del gallo, misas del alba y otras secretas devociones, muchas encubiertas vi entrar en su casa. Tras ellas hombres descalzos, contritos y rebozados, desatacados, que entraban allí a llorar sus pecados. ¡Qué tráfagos, si piensas, traía! Hacíase física de niños, tomaba estambre de unas casas, dábalo a hilar en otras, por achaque de entrar en todas. Las unas, «¡Madre acá!», las otras, «¡Madre acullá!», «¡Cata la vieja!», «¡Ya viene el ama!»; de todos muy conocida. Con todos esos afanes nunca pasaba sin misa ni vísperas, ni dejaba monasterios de frailes ni de monjas; esto porque allí hacía ella sus aleluyas y conciertos. Y en su casa hacía perfumes, falsaba estoraques, menjuí, animes, ámbar, algalia, polvillos, almizcles, mosquetes. Tenía una cámara llena de alambiques, de redomillas, de barrilejos de barro, de vidrio, de arambre, de estaño, hechos de mil facciones. Hacía solimán, afeite cocido, argentadas, bujeladas, cerillas, lanillas, unturillas, lustres, lucentores, clarimientes, albalinos y otras aguas de rostro, de rasuras de gamones, de corteza de espantalobos, de dragontea, de hieles, de agraz, de mosto, destiladas y azucaradas. Adelgazaba los cueros con zumos de limones, con turbino, con tuétano de corzo y de garza y otras confecciones. Sacaba agua para oler, de rosas, de azahar, de jazmín, de trébol, de madreselva y clavellinas, mosquetadas y almizcladas, polvorizadas con vino. Hacía lejías para enrubiar, de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marrubios, con salitre, con alumbre y milifolia y otras diversas cosas. Y los untos y mantecas que tenía es hastío de decir: de vaca, de oso, de caballos y de camellos, de culebra y de conejo, de ballena, de garza, de alcaraván, de gamo y de gato montés, y de tejón, de arda, de erizo, de nutria. Aparejos para baños, esto es una maravilla: de las hierbas y raíces que tenía en el techo de su casa colgadas, manzanilla y romero, malvaviscos, culantrillo, coronillas, flor de saúco y de mostaza, espliego y laurel blanco, tortarosa y gramonilla, flor salvaje e higueruela, pico de oro y hojatinta. Los aceites que sacaba para el rostro no es cosa de creer: de estoraque y de jazmín, de limón, de pepitas, de violetas, de menjuí, de alfócigos, de piñones, de granillo, de azufaifas, de neguilla, de altramuces, de arvejas y de carillas, y de hierba pajarera, y un poquillo de bálsamo tenía ella en una redomilla que guardaba para aquel rascuño que tenía por las narices. Esto de los virgos, unos hacía de vejiga y otros curaba de punto. Tenía en un tabladillo, en una cajuela pintada, unas agujas delgadas de pellejeros e hilos de seda encerados, y colgadas allí raíces de hojaplasma y fuste sanguino, cebolla albarrana y cepacaballo. Hacía con esto maravillas que, cuando vino por aquí el embajador francés, tres veces vendió por virgen una criada que tenía.
CALISTO.- ¡Así pudiera ciento!
PÁRMENO.- ¡Sí, santo Dios! Y remediaba por caridad muchas huérfanas y erradas que se encomendaban a ella. Y en otro apartado tenía para remediar amores y para se querer bien. Tenía huesos de corazón de ciervo, lengua de víbora, cabezas de codornices, sesos de asno, tela de caballo, mantillo de niño, haba morisca, guija marina, soga de ahorcado, flor de hiedra, espina de erizo, pie de tejón, granos de helecho, la piedra del nido del águila y otras mil cosas. Venían a ella muchos hombres y mujeres, y a unos demandaba el pan do mordían; a otros, de su ropa; a otros, de sus cabellos; a otros, pintaba en la palma letras con azafrán; a otros, con bermellón; a otros daba unos corazones de cera llenos de agujas quebradas, y otras cosas en barro y en plomo hechas, muy espantables al ver. Pintaba figuras, decía palabras en tierra. ¿Quién te podrá decir lo que esta vieja hacía? Y todo era burla y mentira.
CALISTO.- Bien está, Pármeno, déjalo para más oportunidad. Asaz soy de ti avisado, téngotelo en gracia. No nos detengamos, que la necesidad desecha la tardanza. Oye. Aquélla viene rogada, espera más que debe. Vamos, no se indigne. Yo temo y el temor reduce la memoria y a la providencia despierta. ¡Sus! Vamos, proveamos. Pero ruégote, Pármeno, la envidia de Sempronio, que en esto me sirve y complace, no ponga impedimento en el remedio de mi vida, que si para él hubo jubón, para ti no faltará sayo. Ni pienses que tengo en menos tu consejo y aviso que su trabajo y obra, como lo espiritual sepa yo que precede a lo corporal. Y puesto que las bestias corporalmente trabajen más que los hombres, por eso son pensadas y curadas, pero no amigas de ellos. En tal diferencia serás conmigo en respeto de Sempronio, y so secreto sello, pospuesto el dominio, por tal amigo a ti me concedo.
PÁRMENO.- Quéjome, señor, de la duda de mi fidelidad y servicio, por los prometimientos y amonestaciones tuyas. ¿Cuándo me viste, señor, envidiar, o por ningún interés ni resabio tu provecho estorcer?
CALISTO.- No te escandalices, que sin duda tus costumbres y gentil crianza en mis ojos, ante todos los que me sirven, están. Mas, como en caso tan arduo, do todo mi bien y vida pende, es necesario proveer, proveo a los acontecimientos, como quiera que creo que tus buenas costumbres sobre buen natural florecen, como el buen natural sea principio del artificio. Y no más, si no vamos a ver la salud.
CELESTINA.- Pasos oigo. Acá desciende. Haz, Sempronio, que no lo oyes. Escucha y déjame hablar lo que a ti y a mí me conviene.
SEMPRONIO.- Habla.
CELESTINA.- No me congojes ni me importunes, que sobrecargar el cuidado es aguijar el animal congojoso. Así sientes la pena de tu amo Calisto que parece que tú eres él y él tú, y que los tormentos son en un mismo sujeto. Pues cree que yo no vine acá por dejar este pleito indeciso o morir en la demanda.
CALISTO.- Pármeno, detente. ¡Ce!, escucha qué hablan éstos. Veamos en qué vivimos. ¡Oh, notable mujer! ¡Oh, bienes mundanos indignos de ser poseídos de tan alto corazón! ¡Oh, fiel y verdadero Sempronio! ¿Has visto, mi Pármeno?¿Oíste? ¿Tengo razón? ¿Qué me dices, rincón de mi secreto y consejo y alma mía?
PÁRMENO.- Protestando mi inocencia en la primera sospecha, y cumpliendo con la fidelidad, porque me concediste, hablaré. Óyeme, y el afecto no te ensorde ni la esperanza del deleite te ciegue. Tiémplate y no te apresures, que muchos, con codicia de dar en el fiel, yerran el blanco. Aunque soy mozo, cosas he visto asaz y el seso y la vista de las muchas cosas demuestran la experiencia. De verte o de oírte descender por la escalera parlan lo que éstos fingidamente han dicho, en cuyas falsas palabras pones el fin de tu deseo.
SEMPRONIO.- Celestina, ruinmente suena lo que Pármeno dice.
CELESTINA.- Calla, que, para mi santiguada, do vino el asno vendrá el albarda. Déjame tú a Pármeno, que yo te le haré uno de nos, y de lo que hubiéremos, démosle parte, que los bienes, si no son comunicados, no son bienes. Ganemos todos, partamos todos, holguemos todos. Yo le traeré manso y benigno a picar el pan en el puño. Y seremos dos a dos y, como dicen, tres al mohíno.
CALISTO.- ¡Sempronio!
SEMPRONIO.- ¿Señor?
CALISTO.- ¿Qué haces, llave de mi vida? Abre. ¡Oh, Pármeno, ya la veo, sano soy, vivo soy! ¿Miras qué reverenda persona, qué acatamiento? Por la mayor parte por la fisonomía es conocida la virtud interior. ¡Oh vejez virtuosa, oh virtud envejecida! ¡Oh gloriosa esperanza de mi deseado fin! ¡Oh fin de mi deleitosa esperanza! ¡Oh salud de mi pasión, reparo de mi tormento, regeneración mía, vivificación de mi vida, resurrección de mi muerte! Deseo llegar a ti. Codicio besar esas manos llenas de remedio. La indignidad de mi persona lo embarga. Desde aquí adoro la tierra que huellas y en reverencia tuya beso.
CELESTINA.- Sempronio, ¡de aquéllas vivo yo! ¡Los huesos que yo roí piensa este necio de tu amo de darme a comer! Pues ál le sueño; al freír lo verá. Dile que cierre la boca y comience abrir la bolsa. De las obras dudo, cuánto más de las palabras. ¡So, que te estriego, asna coja! ¡Más habías de madrugar!
PÁRMENO.- ¡Guay de orejas que tal oyen! Perdido es quien tras perdido anda. ¡Oh Calisto, desaventurado, abatido, ciego, y en tierra está adorando a la más antigua puta tierra, que fregaron sus espaldas en todos los burdeles! Deshecho es, vencido es, caído es; no es capaz de ninguna redención, ni consejo, ni esfuerzo.
CALISTO.- ¿Qué decía la madre? ¡Paréceme que pensaba que le ofrecía palabras por excusar galardón!
SEMPRONIO.- Así lo sentí.
CALISTO.- Pues ven conmigo. Trae las llaves, que yo sanaré su duda.
SEMPRONIO.- Bien harás. Y luego vamos, que no se debe dejar crecer la hierba entre los panes ni la sospecha en los corazones de los amigos, sino limpiarla luego con el escardilla de las buenas obras.
CALISTO.- Astuto hablas. Vamos y no tardemos.
CELESTINA.- Pláceme, Pármeno, que habemos habido oportunidad para que conozcas el amor mío contigo y la parte que en mí, inmérito, tienes. Y digo inmérito por lo que te he oído decir, de que no hago caso, porque virtud nos amonesta sufrir las tentaciones y no dar mal por mal. Y especial cuando somos tentados por mozos y no bien instrutos en lo mundano, en que con necia lealtad pierdan a sí y a sus amos, como ahora tú a Calisto. Bien te oí, y no pienses que el oír con los otros exteriores sesos mi vejez haya perdido, que no sólo lo que veo oigo y conozco, mas aun lo intrínseco con los intelectuales ojos penetro. Has de saber, Pármeno, que Calisto anda de amor quejoso. Y no lo juzgues por eso por flaco, que el amor impervio todas las cosas vence, y sabe, si no sabes, que dos conclusiones son verdaderas. La primera, que es forzoso el hombre amar a la mujer, y la mujer al hombre. La segunda, que el que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulzura del soberano deleite, que por el Hacedor de las cosas fue puesto por que el linaje de los hombres se perpetuase, sin lo cual perecería. Y no sólo en la humana especie, mas en los peces, en las bestias, en las aves, en las reptilias. Y en lo vegetativo, algunas plantas han este respecto, si sin interposición de otra cosa en poca distancia de tierra están puestas, en que hay determinación de herbolarios y agricultores ser machos y hembras. ¿Qué dirás a esto, Pármeno? ¡Neciuelo, loquito, angelico, perlica, simplecico! ¿Lobitos en tal gesto? Llégate acá, putico, que no sabes nada del mundo ni de sus deleites. ¡Más rabia mala me mate si te llego a mí, aunque vieja! Que la voz tienes ronca, las barbas te apuntan; mal sosegadilla debes tener la punta de la barriga.
PÁRMENO.- ¡Como cola de alacrán!
CELESTINA.- ¡Y aun peor, que la otra muerde sin hinchar y la tuya hincha por nueve meses!
PÁRMENO.- ¡Ji, ji, ji!
CELESTINA.- ¿Ríeste, landrecilla, hijo?
PÁRMENO.- Calla, madre, no me culpes, ni me tengas, aunque mozo, por insipiente. Amo a Calisto porque le debo fidelidad, por crianza, por beneficios, por ser de él honrado y bien tratado, que es la mayor cadena que el amor del servidor al servicio del señor prende, cuanto lo contrario aparta. Véole perdido, y no hay cosa peor que ir tras deseo sin esperanza de buen fin, y especial pensando remediar su hecho tan arduo y difícil con vanos consejos y necias razones de aquel bruto Sempronio, que es pensar sacar aradores a pala de azadón. No lo puedo sufrir. ¡Dígolo y lloro!
CELESTINA.- Pármeno, ¿tú no ves que es necedad o simpleza llorar por lo que con llorar no se puede remediar?
PÁRMENO.- Por eso lloro, que, si con llorar fuese posible traer a mi amo el remedio, tan grande sería el placer de la esperanza que de gozo no podría llorar; pero así, perdida ya toda la esperanza, pierdo el alegría y lloro.
CELESTINA.- Lloras sin provecho por lo que llorando estorbar no podrás ni sanarlo presumas. ¿A otros no ha acontecido esto, Pármeno?
PÁRMENO.- Sí, pero a mi amo no le querría doliente.
CELESTINA.- No lo es; mas, aunque fuese doliente, podría sanar.
PÁRMENO.- No curo de lo que dices, porque en los bienes mejor es el acto que la potencia, y en los males mejor la potencia que el acto. Así que mejor es ser sano que poderlo ser, y mejor es poder ser doliente que ser enfermo por acto, y, por tanto, es mejor tener la potencia en el mal que el acto.
CELESTINA.- ¡Oh malvado, como que no se te entiende! ¡Tú no sientes su enfermedad! ¿Qué has dicho hasta ahora? ¿De qué te quejas? Pues burla, o di por verdad lo falso y cree lo que quisieres, que él es enfermo por acto y el poder ser sano es en mano de esta flaca vieja.
PÁRMENO.- Más de esta flaca puta vieja.
CELESTINA.- ¡Putos días vivas, bellaquillo! Y, ¿cómo te atreves?
PÁRMENO.- Como te conozco.
CELESTINA.- ¿Quién eres tú?
PÁRMENO.- ¿Quién? Pármeno, hijo de Alberto, tu compadre, que estuve contigo un poco tiempo, que te me dio mi madre cuando morabas a la cuesta del río, cerca de las tenerías.
CELESTINA.- ¡Jesú, Jesú, Jesú! ¿Y tú eres Pármeno, hijo de la Claudina?
PÁRMENO.- ¡Alahé, yo!
CELESTINA.- Pues fuego malo te queme, que tan puta vieja era tu madre como yo. ¿Por qué me persigues, Pármeno? ¡Él es, él es, por los santos de Dios! Allégate a mí, ven acá, que mil azotes y puñadas te dí en este mundo y otros tantos besos. ¿Acuérdaste cuando dormías a mis pies, loquito?
PÁRMENO.- Sí, en buena fe. Y algunas veces, aunque era niño, me subías a la cabecera y me apretabas contigo, y porque olías a vieja, me huía de ti.
CELESTINA.- ¡Mala landre te mate! ¡Y cómo lo dice el desvergonzado! Dejadas burlas y pasatiempos, oye ahora, mi hijo, y escucha. Que, aunque a un fin soy llamada, a otro soy venida, y maguer que contigo me haya hecho de nuevas, tú eres la causa. Hijo, bien sabes cómo tu madre, que Dios haya, te me dio viviendo tu padre, el cual, como de mí te fuiste, con otra ansia no murió sino con la incertidumbre de tu vida y persona, por la cual ausencia algunos años de su vejez sufrió angustiosa y cuidadosa vida. Y al tiempo que de ella pasó, envió por mí y en su secreto te me encargó y me dijo, sin otro testigo sino aquel que es testigo de todas las obras y pensamientos, y los corazones y entrañas escudriña, al cual puso entre él y mí, que te buscase y llegase y abrigase y, cuando de cumplida edad fueses, tal que en tu vivir supieses tener manera y forma, te descubriese a dónde dejó encerrada tal copia de oro y plata que basta más que la renta de tu amo Calisto. Y porque se lo prometí, y con mi promesa llevó descanso, y la fe es de guardar, más que a los vivos, a los muertos, que no pueden hacer por sí, en pesquisa y seguimiento tuyo yo he gastado asaz tiempo y cuantías hasta ahora, que ha placido a aquel que todos los cuidados tiene y remedia las justas peticiones y las piadosas obras endereza, que te hallase aquí, donde solos ha tres días que sé que moras. Sin duda dolor he sentido porque has por tantas partes vagado y peregrinado, que ni has habido provecho ni ganado deudo ni amistad. Que, como Séneca dice, «los peregrinos tienen muchas posadas y pocas amistades», porque en breve tiempo con ninguno pueden firmar amistad. Y el que está en muchos cabos está en ninguno, ni puede aprovechar el manjar a los cuerpos que en comiendo se lanza, ni hay cosa que más la sanidad impida que la diversidad y mudanza y variación de los manjares. Y nunca la llaga viene a cicatrizar en la cual muchas melecinas se tientan. Ni convalece la planta que muchas veces es traspuesta. Y no hay cosa tan provechosa, que en llegando aproveche. Por tanto, mi hijo, deja los ímpetus de la juventud y tórnate con la doctrina de tus mayores a la razón. Reposa en alguna parte, y ¿dónde mejor que en mi voluntad, en mi ánimo, en mi consejo, a quien tus padres te remetieron? Y yo así, como verdadera madre tuya, te digo, so las maldiciones que tus padres te pusieron si me fueses inobediente, que por el presente sufras y sirvas a este tu amo que procuraste, hasta en ello haber otro consejo mío. Pero no con necia lealtad, proponiendo firmeza sobre lo movible, como son estos señores de este tiempo. Y tú gana amigos, que es cosa durable, ten con ellos constancia, no vivas en flores, deja los vanos prometimientos de los señores, los cuales desechan la sustancia de sus sirvientes con huecos y vanos prometimientos. Como la sanguijuela saca la sangre, desagradecen, injurian, olvidan servicios, niegan galardón. ¡Guay de quien en palacio envejece! Como se escribe de la probática piscina, que de ciento que entraban sanaba uno. Estos señores de este tiempo más aman a sí que a los suyos, y no yerran; los suyos igualmente lo deben hacer. Perdidas son las mercedes, las magnificencias, los actos nobles; cada uno de éstos cautiva y mezquinamente procura su interés con los suyos. Pues aquéllos no deben menos hacer, como sean en facultades menores, sino vivir a su ley. Dígolo, hijo Pármeno, porque este tu amo, como dicen, me parece rompenecios: de todos se quiere servir sin merced. Mira bien, créeme, en su casa cobra amigos, que es el mayor precio mundano, que con él no pienses tener amistad, como por la diferencia de los estados o condiciones pocas veces contezca. Caso es ofrecido, como sabes, en que todos medremos y tú por el presente te remedies. Que lo ál que te he dicho, guardado te está a su tiempo. Y mucho te aprovecharás siendo amigo de Sempronio.
PÁRMENO.- Celestina, todo tremo en oírte. No sé qué haga, perplejo estoy. Por una parte, téngote por madre; por otra, a Calisto por amo. Riqueza deseo, pero quien torpemente sube a lo alto, más aína cae que subió. No querría bienes mal ganados.
CELESTINA.- Yo sí. A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
PÁRMENO.- Pues yo con ellos no viviría contento y tengo por honesta cosa la pobreza alegre. Y aun más te digo, que no los que poco tienen son pobres, mas los que mucho desean. Y por esto, aunque más digas, no te creo en esta parte. Querría pasar la vida sin envidia, los yermos y aspereza sin temor, el sueño sin sobresalto, las injurias con respuesta, las fuerzas sin denuesto, las premias con resistencia.
CELESTINA.- ¡Oh, hijo!, bien dicen que la prudencia no puede ser sino en los viejos, y tú mucho mozo eres.
PÁRMENO.- Mucho segura es la mansa pobreza.
CELESTINA.- Mas di, como mayor, que la fortuna ayuda a los osados. Y demás de esto, ¿quién es, que tenga bienes en la república, que escoja vivir sin amigos? Pues, loado Dios, ¿bienes tienes y no sabes que has menester amigos para los conservar? Y no pienses que tu privanza con este señor te hace seguro, que cuanto mayor es la fortuna, tanto es menos segura. Y tanto en los infortunios el remedio es a los amigos. Y, ¿a dónde puedes ganar mejor este deudo que donde las tres maneras de amistad concurren? Conviene a saber, por bien, y provecho, y deleite. Por bien, mira la voluntad de Sempronio conforme a la tuya y la gran similitud que tú y él en la virtud tenéis. Por provecho, en la mano está si sois concordes. Por deleite, semejable es, como seáis en edad dispuestos para todo linaje de placer, en que más los mozos que los viejos se juntan, así como para jugar, para vestir, para burlar, para comer y beber, para negociar amores juntos de compañía. ¡Oh, si quisieses, Pármeno, qué vida gozaríamos! Sempronio ama a Elicia, prima de Areúsa.
PÁRMENO.- ¿De Areúsa?
CELESTINA.- De Areúsa.
PÁRMENO.- ¿De Areúsa, hija de Eliso?
CELESTINA.- De Areúsa, hija de Eliso.
PÁRMENO.- ¿Cierto?
CELESTINA.- Cierto.
PÁRMENO.- Maravillosa cosa es.
CELESTINA.- Pero, ¿bien te parece?
PÁRMENO.- No cosa mejor.
CELESTINA.- Pues tu buena dicha quiere, aquí está quien te la dará.
PÁRMENO.- Mi fe, madre, no creo a nadie.
CELESTINA.- Extremo es creer a todos y yerro no creer a ninguno.
PÁRMENO.- Digo que te creo, pero no me atrevo. Déjame.
CELESTINA.- ¡Oh mezquino! De enfermo corazón es no poder sufrir el bien. Da Dios habas a quien no tiene quijadas. ¡Oh simple!, dirás que adonde hay mayor entendimiento hay menor fortuna. Y donde más discreción, allí es menor la fortuna. Dichas son.
PÁRMENO.- ¡Oh Celestina!, oído he a mis mayores que un ejemplo de lujuria o avaricia mucho mal hace, y que con aquéllos debe hombre conversar que le hagan mejor, y aquéllos dejar a quien él mejores piensa hacer. Y Sempronio en su ejemplo no me hará mejor, ni yo a él sanaré su vicio. Y puesto que yo a lo que dices me incline, sólo yo querría saberlo, porque a lo menos por el ejemplo fuese oculto el pecado. Y si hombre vencido del deleite va contra la virtud, no se atreve a la honestad.
CELESTINA.- Sin prudencia hablas, que de ninguna cosa es alegre posesión sin compañía. No te retraigas ni amargues, que la natura huye lo triste y apetece lo delectable. El deleite es con los amigos en las cosas sensuales, y especial en recontar las cosas de amores y comunicarlas: «Esto hice, esto otro me dijo, tal donaire pasamos, de tal manera la tomé, así la besé, así me mordió, así la abracé, así se allegó. ¡Oh qué habla, qué gracia!, ¡oh qué juegos!, ¡oh qué besos! Vamos allá, volvamos acá, ande la música, pintemos los motes, cante canciones, invenciones y justemos. ¿Qué cimera sacaremos, o qué letra? Ya va a la misa, mañana saldrá, rondemos su calle, mira su carta, vamos de noche, tenme el escala, aguarda a la puerta. ¿Cómo te fue? Cata el cornudo, sola la deja. Dale otra vuelta. Tornemos allá». Y para esto, Pármeno, ¿hay deleite sin compañía? ¡Alahé, alahé! La que las sabe las tañe, éste es el deleite; que lo ál, mejor lo hacen los asnos en el prado.
PÁRMENO.- No querría, madre, me convidases a consejo con amonestación de deleite, como hicieron los que, careciendo de razonable fundamento, opinando hicieron sectas envueltas en dulce veneno para captar y tomar las voluntades de los flacos, y con polvos de sabroso afecto cegaron los ojos de la razón.
CELESTINA.- ¿Qué es razón, loco? ¿Qué es afecto, asnillo? La discreción que no tienes lo determina; y de la discreción mayor es la prudencia; y la prudencia no puede ser sin experimento; y la experiencia no puede ser más que en los viejos; y los ancianos somos llamados padres; y los buenos padres bien aconsejan a sus hijos, y especial yo a ti, cuya vida y honra más que la mía deseo. Y, ¿cuándo me pagarás tú esto? Nunca, pues a los padres y a los maestros no puede ser hecho servicio igualmente.
PÁRMENO.- Todo me recelo, madre, de recibir dudoso consejo.
CELESTINA.- ¿No quieres? Pues decirte he lo que dice el sabio: «Al varón que con dura cerviz al que le castiga menosprecia, arrebatado quebrantamiento le vendrá y sanidad ninguna le conseguirá». Y así, Pármeno, me despido de ti y de este negocio.
PÁRMENO.- Ensañada está mi madre. Duda tengo en su consejo: yerro es no creer y culpa creerlo todo. Mas humano es confiar, mayormente en ésta que interés promete, a do provecho no puede allende de amor conseguir. Oído he que debe hombre a sus mayores creer. Ésta, ¿qué me aconseja? Paz con Sempronio; la paz no se debe negar, que bienaventurados son los pacíficos, que hijos de Dios serán llamados. Amor no se debe rehuir. Caridad a los hermanos, interés pocos le apartan, pues quiérola complacer y oír. Madre, no se debe ensañar el maestro de la ignorancia del discípulo; si no raras veces, por la ciencia, que es de su natural comunicable y en pocos lugares, se podría infundir. Por eso, perdóname, háblame, que no sólo quiero oírte y creerte, mas en singular merced recibir tu consejo. Y no me lo agradezcas, pues el loor y las gracias de la acción, más al dante que no al recibiente se deben dar. Por eso, manda, que a tu mandado mi consentimiento se humilla.
CELESTINA.- De los hombres es errar y bestial es la porfía. Por ende, gózome, Pármeno, que hayas limpiado las turbias telas de tus ojos y respondido al reconocimiento, discreción e ingenio sutil de tu padre, cuya persona, ahora representada en mi memoria, enternece los ojos piadosos por do tan abundantes lágrimas ves derramar. Algunas veces duros propósitos, como tú, defendía, pero luego tornaba a lo cierto. En Dios y en mi ánima, que en ver ahora lo que has porfiado y cómo a la verdad eres reducido, no parece sino que vivo le tengo delante. ¡Oh qué persona! ¡Oh qué hartura! ¡Oh qué cara tan venerable! Pero callemos, que se acerca Calisto y tu nuevo amigo Sempronio, con quien tu conformidad para más oportunidad dejo, que dos en un corazón viviendo son más poderosos de hacer y de entender.
CALISTO.- Duda traigo, madre, según mis infortunios, de hallarte viva. Pero más es maravilla, según el deseo, de cómo llego vivo. Recibe la dádiva pobre de aquel que con ella la vida te ofrece.
CELESTINA.- Como en el oro muy fino labrado por la mano del sutil artífice la obra sobrepuja a la materia, así se aventaja a tu magnífico dar la gracia y forma de tu dulce liberalidad. Y, sin duda, la presta dádiva su efecto ha doblado, porque la que tarda el prometimiento muestra negar y arrepentirse del don prometido.
PÁRMENO.- ¿Qué le dio, Sempronio?
SEMPRONIO.- Cien monedas en oro.
PÁRMENO.- ¡Ji, ji, ji!
SEMPRONIO.- ¿Habló contigo la madre?
PÁRMENO.- Calla, que sí.
SEMPRONIO.- Pues, ¿cómo estamos?
PÁRMENO.- Como quisieres, aunque estoy espantado.
SEMPRONIO.- Pues calla, que yo te haré espantar dos tanto.
PÁRMENO.- ¡Oh Dios! No hay pestilencia más eficaz que el enemigo de casa para empecer.
CALISTO.- Ve ahora, madre, y consuela tu casa; y después ven, consuela la mía; y luego.
CELESTINA.- Quede Dios contigo.
CALISTO.- Y Él te me guarde.

jueves, 25 de agosto de 2011

El mester de clerecía, Berceo y Juan Ruiz.

Hola queridos estudiantes: A continuación pueden escuchar la exposición sobre el Mester de clerecia, su definición , su propósito, principales exponentes y sus obras. Luego responde¿an a las preguntas que má abajo encontran.



Después de escuchar el anterior vídeo elaboren conclusiones acerca de las siguientes preguntas:
1.¿qué se podría concluir acerca del estilo poético que predominó en los siglos 13 y 14 en España?

2. Quiénes desarrollaron el estilo al usar el lenguaje ? ¿cuáles eran sus propósitos?

martes, 23 de agosto de 2011

Romance de la Molinera y el Corregidor

Hola queridos estudiantes:
Continuando con la historia de la literatura española encontramos Los Romances. Veamos:

ROMANCES
A lo largo de los siglos se han cantado estas composiciones narrativas llamadas romances por toda nuestra geografía, y el valle de Campoo no ha sido una excepción. Generalmente un ciego o mendigo ambulante iba cantando estas coplillas de pueblo en pueblo y los "chiquillos" que le seguían iban aprendiendo estas letras que narraban un hecho acaecido recientemente. Posteriormente, se cantaban en la intimidad del hogar o bien en las reuniones festivas o de trabajo.
GENERALIDADES
Los romances tienen su origen en los cantares de gesta; los juglares los recitaban y cantaban en los ambientes cultos de la sociedad medieval; a partir del siglo XV fueron también los hombres del pueblo llano quienes los ejecutaban y desde entonces se han seguido cantando hasta nuestros días, bien conservando muchos de los viejos temas o bien añadiendo otros nuevos.
Se pueden distinguir tres grandes grupos de romances:
1- Romance literario. Es el romance de los siglos XV y XVI, generalmente recogidos en los diversos cancioneros españoles.
2- Romance de tradición oral. Es el que se ha trasmitido de padres a hijos, de generación a generación, llegando hasta nuestros días.
3- Romance de pliego o semiculto. Son aquellos romances, procedentes de ediciones de pliego que posteriormente se hacen populares. Suelen tener un carácter semiculto, por lo que su diferencia con el romance tradicional es fundamentalmente estilística. También llamados romances de ciegos, ya que era principalmente un invidente quien los cantaba de pueblo en pueblo e iba vendiéndolos recogidos en los denominados pliegos de cordel para que la gente pudiera seguir mejor el suceso narrado.

Les propongo que aprecien el trabajo creativo de este grupo de intérpretes de un romance. Lean y respondan a las preguntas que abajo del vídeo aparecen. Esta tarea es para la clase del jueves 25 de agosto.



Ahora responde a las siguientes preguntas:
1. De acuerdo con la historia los hechos que suceden son la demostración de los abusos que en la sociedad de esa época existian? A cuál abuso se hace referencia? por qué se da el abuso? ¿Quién lo tiene hacia quién?
2. Se podría decir que en la historia no hubo abuso? ¿Por qué? Sustenta tu respuesta
3. ¿Cuál es el cargo que actualmente es igual al de corregidor ?
4. ¿ Por qué actualmente no existe molinos ni molineras?

miércoles, 25 de mayo de 2011

Especial Binomio de oro http://www.quiroz-solutions.com




ESCUCHEN ESTE VÍDEO DE JUGLARES DEL VALLENATO .IDENTIFIQUEN EN ESTE GRUPO ASPECTOS DE LOS JUGLARES ANTIGUOS

TROVADORES Y JUGLARES CREADORES DE ROMANCES




Después de escuchar el vídeo podrán escoger letras de cancioes vallenatas para hacer el ejercicio de comparación y presentarlo en la clase.

sábado, 2 de abril de 2011

CONTINUANDO CON EL TEMA DE LA SEXUALIDAD, LOS INVITO A QUE LEAN ALGUNAS HISTORIAS PERSONALES Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA SEXUALIDAD


1. LAS HUELLAS DE MI FORMACION SEXUAL
Recuerdo en mi infancia a muchas personas alrededor mío que me cargaban y y me abrasaban. Viendo mi álbum vienen a mi muchos recuerdos imágenes cortas como momentos vividos pero con las personas que más cree lazos de afectividad: mis padres y mis dos hermanos. No puede faltar mi abuela que siempre estaba en mis recuerdos. Reconocí que era una niña cuando sentía más aprecio por las muñecas que por los carritos y cosas de niños y porque empecé a ver la diferencia entre yo y mi hermano y mi mamá también me lo decía.
Mis juegos preferidos eran las muñecas y jugar a la casita mi mamá siempre me hacia una casita con las almohadas era muy divertido y también jugar a las escondidas. Muchas veces solo jugaba con mi mama y pocas veces con mis hermanos pues ellos siempre estaban jugando con sus amigos de la misma edad.
Mi madre siempre estaba conmigo, pero sentí la valoración de muchas personas pero más de mi mama porque ella siempre estaba pendiente de mi´, de lo que necesitaba por qué lloraba, por qué reía.
Siempre que salíamos a la calle ella me cargaba o me cogía de la mano y el resto de personas cercanas a mí como mi abuela siempre me consentían me daba besos. Mi papá siempre me cargaba y me llevaba a la cama y me contaba sus historias increíbles que vivió. Siento que me infancia fue muy linda porque dejó huellas en mi muy bonitas y creo que por eso soy la persona de hoy por lo que viví en el pasado.
LO QUE ME AYUDO A BUSCAR MIS HUELLAS DE MI FORMACION SEXUAL
Algo que me hace recordar mucho mi infancia es una caja grande que mi mamá me dio en la cual están todas las cosas que ella dice y yo me acuerdo que me gustaban demasiado: una piyama color rosa y con ositos de estampados que cada vez que yo la veía me la quería poner, también me gustaba demasiado una muñeca de trapo que mi papá me regaló de cumpleaños era hermosa y grande yo le puse un nombre era serafina. Me gustaba estar siempre con ella a todo lados la llevaba dormía con ella. También tenía un cuaderno.
Saray Ramirez.

2.En busca de las huellas de mi SEXUALIDAD
Cuando tenía más o menos tres años era niña, mi mamá me cuidaba siempre nunca me dejaba con nadie más. Ella era quien me bañaba y me vestía.
Yo jugaba con mi hermano mayor de 2 años con carros también mi papá nos llevaba al parque jugábamos a correr y a perseguirnos con mi papá y también jugábamos con un balón.
Yo solo tenía contacto con mi familia y no compartía mucho con la gente fuera de mi entorno familiar me mantenía mucho en la casa no me gustaba salir ni a jugar con los niños porque me sentía mejor con mi familia
En la infancia mi mamá me enseñó el respecto a los demás familiares y personas con los cuidados de ella me enseñó a respetarme y valorarme como mujer y como persona que soy
María Angélica Vitali

lunes, 28 de marzo de 2011

CONTINUANDO CON EL TEMA DE LA SEXUALIDAD LES COMPARTO UN TEXTO QUE HABLA DE LAS SEÑALES VESTUARIAS EN RELACIÓN CON LA SEXUALIDAD

EL VESTIDO Y LA SEXUALIDAD

Todos los seres humanos cuando nos vestimos transmitimos señales sociales .Este singular acontecimiento cotidiano, permite contar una historia. Aunque algunos no le den mayor importancia a este acto cotidiano también envían datos sobre su papel en la sociedad y su actitud respecto a la cultura que viven.
Primordialmente la ropa que nos ponemos cumple tres funciones: comodidad pudor y apariencia. La comodidad es la función utilitaria de las ropas con que nos cubrimos. Cuando el hombre primitivo cazaba se defendía de los cambios atmosféricos gracias a su contextura, que era capaz de reducir o aumentar su temperatura cuando era necesario. Pero a partir de los cambios climáticos su sistema natural no fue bastante para reducir la pérdida del calor de la piel o para protegerse de los rayos solares y se vio en la necesidad de usar ropa protectora. Cada nueva demanda obligó a encontrar nuevas formas de protección, desde suelas gruesas y guantes pesados, a cascos y armaduras, desde el traje de submarino, desde las gafas que protegen del sol, del soplete, desde el “mono” del obrero al chaleco antibalas. Sin embargo el uso de ropas también trajo problemas, por ejemplo: reducía la eficacia muscular del cuerpo, afectando la salud, la ventilación de la piel, interfiriendo en la eliminación del sudor, además de resultar un refugio de parásitos.
Cuando iba desnudo el hombre primitivo no sufría estos problemas, pero cuando el cuerpo se encerró transpiro y fue atacado por parásitos. Debido a infinidad de problemas el hombre tuvo que emplear otras formas contra los nuevos peligros. Por ejemplo perfumes, higiene y lavado de cuerpos y ropas. Hoy en día debido a las condiciones higiénicas de la vida el hombre ha logrado restaurar el cuerpo en las condiciones de sus antepasados sin necesidad de volver al nudismo.
Pero las ropas no solo han tenido la función de la comodidad, de la protección contra las inclemencias del tiempo, que la tecnología moderna las ha hecho innecesarias, por lo tanto podríamos hacer todas las rutinas diarias de una forma desnuda sin ningún problema físico. Si no lo hacemos es porque la ropa además de protección contra el tiempo, protege nuestro pudor: en este aspecto la ropa lo que hace es disfrazar ciertas señales corporales. Desde que el hombre camina erecto no puede evitar la realización de una exhibición sexual cuando encuentra a un semejante. Si el hombre quiere evitar la descarada presentación de sus partes íntimas no tiene más remedio que esconderlas de alguna forma, por eso el taparrabos, es el elemento más internacional en el vestir humano.
Por otro lado, el incremento de la población se ha convertido en un factor adicional a favor del pudor en el vestir. El cuerpo humano es una masa de señales del género a que pertenece; cada curva del cuerpo cada forma o prominencia trasmite señales básicas a los ojos de los interesados. En ambos géneros todos los elementos visuales son excitantes para el sexo contrario y si quiere disminuir su impacto no hay más remedio que disimularlos.
La tercera función básica del vestido es la exhibición o apariencia. Esto quiere decir que el vestido ayuda a ubicar en clases sociales a las personas. Además vestirse es un vehículo demasiado cómodo de exhibición visual, como para reducirlo a la triste misión protectora del frío o del calor.

Adaptación del texto Señales Vestuarias, Vestirse para la exhibición: comodidad o pudor. En revista Alegría de Enseñar #17, páginas 24-29

Actividad:
Relate una anécdota donde a partir de una situación concreta (baile, ceremonia, visita,) describa el vestido que uso y las reacciones positivas o negativas que Usted provocó en otras personas . ¿a qué cree que se deben?

martes, 22 de marzo de 2011

HABLANDO DE SEXUALIDAD

Después del ejercicio en clase referente a la definición de sexualidad , leamos algunas definiciones donde se incluyen las palabras propuestas. Por ejemplo:

La sexualidad se expresa en todas las manifestaciones de la vida humana. Está presente en el arte, en el vestido , en los ritos religiososm en la organización del trabajo, en el ejercicio del poder y en el uso del idioma.Por otra parte el proceso de auto construcción individual y la imagen que cada uno tiene de si mismo tiene una estrecha relación con la capacidad de asumir el propio sexo y relacionarse de forma equilibrada y positiva con el otro, en un cotexto social y cultural determinado.

Otra definición de sexualidad podría referirse a las diferentes manifestaciones que se presentan en una persona referentes a los sentimientos , las emociones,las relaciones sexuales, el sexo, el placer y elafecto por si mismoy por otros.

AHORA CONOZCAMOS LAS DEFINICIONES QUE PROPONEN ALGUNOS COMPAÑEROS DEL CURSO DÉCIMO. PUEDES COMPARARLAS CON LAS DOS PRIMERAS Y EVALUARLAS EN SU SENTIDO Y SIGNIFICADO.

1.La sexualidad es algo íntimo que se debe manejar con responsabilidad, tener relaciones sexuales implica el conocimiento de los órganos.
El comportamiento de una persona va de acuerdo al afecto que tenga por sí mismo y dependiendo de los sentimientos que tenga hacia la otra persona ya sea de igual o diferente sexo.
Con el transcurso del tiempo las personas adquieren experiencia, enseñanzas y desarrollan afecto por otros.

LINDA DAYANA ORTIZ

2.Es el conjunto de condiciones anatómicas, fisiológicas y psicológico que caracterizan cada sexo.
También es el conjunto de fenómenos emocionales, de conducta y de prácticas asociados a la búsqueda del placer sexual, que marcaran de manera decisiva al ser humano en todas y cada una de las fases determinantes de su desarrollo en la vida.

ISABELLA lÓPEZ

3.La sexualidad
Son comportamientos sexuales del ser humano, abarca el sexo es algo intimo entre dos personas y satisface el afecto por otros como el deseo sexual o el amor, no específicamente la sexualidad es para los adultos, como creen algunos. Tener relaciones sexuales no es un problema pero debemos tener responsabilidad al tener la relación sexual, esto trae sentimientos hacia la otra persona y muchas veces deja enseñanzas buenas y a veces malas por eso debemos ser consientes y sentir afecto por sí mismo para no arrepentirnos.

LINA JIMÉNEZ


4.Sexo Es algo íntimo con responsabilidad, sentimientos, afectó por sí mismo y relaciones sexuales de adultos con experiencia y afecto por otros
Con sentimientos

BRYAN URBANO

5.La Sexualidad...
La sexualidad requiere de una responsabilidad, un comportamiento y una experiencia.
Para llegar a una relación sexual, es indispensable tener un conocimiento previo sobre los órganos sexuales, y tener sentimientos, afecto por sí mismo y por los demás

JAQUELINE OCAMPO

martes, 15 de marzo de 2011

OTROS REFERENTES SOBRE LITERATURA ESPAÑOLA

Hola queridos estudiantes:

Después de leer la información que sigue la cual complementa la que escucharon en los vídeos sobre el origen de laliteratura en el periodo medioevo, deben concentrarse en la figura del JUGLAR O POETA POPULAR.

Para esto deben releer con cuidado las actividades culturales que hacia este personaje y traten de encontrar relación con modernos juglares. Por ejemplo canta autores o cantantes, de vallenato u otro género musical.

Trabaja en pareja y copien la letra de canciones de los llamados cantantes del pueblo. Escríbanlas en el cuaderno y luego interpreten qué aspectos sociales se refieren dichas canciones. Además identifica algunas relaciones con las historias de los juglares.

ORIGEN DE LA LITERATURA CASTELLANA


La literatura española comenzó a desarrollarse en el medioevo. Se conoce con el nombre de medioevo al período comprendido entre la época clásica antigua, greco-latina y el renacimiento.
Durante esta época la sociedad se divide en tres grupos principales; los nobles cuya ocupación son las armas: ricos, hommes, fijosdalgos y caballeros; el pueblo y los siervos, que hacen el trabajo manual: comerciantes, artesanos, campesinos; y los clérigos, generalmente sacerdotes católicos que se dedicaban a la literatura religiosa y didáctica. Aunque la vida intelectual inicialmente se reducía a la copia de libros.

La vida social giraba en torno al castillo o al monasterio. En sus principios regía el feudalismo, y su gobierno era el del señor feudal. Las ciudades eran amuralladas. Más tarde, se desarrolla la vida en las pequeñas ciudades y aparecen los burgos y con ellos la clase burgués.

Con la llegada de los árabes surgen nuevas clases, las cuales hicieron valioso aportes a la cultura peninsular, estos eran: los mudéjares (mahometanos) y mozárabes (españoles en territorio dominado por árabes. Los géneros literarios eran ligados a las clases sociales al igual que las clases de escritores, por ejemplo, para los cultos están los clérigos y para los incultos, que eran los nobles y los siervos, están los llamados juglares que ejercen su oficio sin muchos conocimientos literarios, y utilizan una lengua pobre. Los juglares eran recitadores, cantores y músicos ambulantes que recorrían ciudades, castillos y palacios recitando o cantando los versos que por lo general eran compuestos por poetas profesionales y que al pasar de ciudad en ciudad y de un juglar a otro cambiaban de forma, se olvidaba al autor y se convertían en poesía tradicional. Este arte u oficio de los juglares se llamó mester de juglaría, y tiene la importancia de haber dado las primeras producciones en lengua vulgar, ya que el pueblo no entendía el latín que escribían los cultos. El juglar recitaba asuntos de carácter heroico y colectivo que pudieran interesar a todos los oyentes, a los que seducían especialmente las hazañas de los guerreros a estas obras se les llamó cantares de gesta.

Los primeros escritos conocidos en castellano, no son literarios. Nuestra lengua se habló durante varios siglos, pero como lengua escrita sólo se tiene noticia a partir del siglo IX, cuando aparecen algunas palabras en documentos notariales redactados en latín. Del siglo X se conocen las glosas. Estas son anotaciones hechas por los monjes de la edad media a textos eclesiásticos latinos, con el fin de enseñar a sus discípulos

ORIGEN DE LA LITERATURA CASTELLANA
1. Orígenes de la Literatura Española
1.1 Definición del término.
Se llama Literatura Española porque ésta es el registro, estudio y valoración de las obras escritas por autores nacidos en España, reconocidos históricamente y geográficamente como patrimonio de esta nación. Se le llama castellano ya que tomó el idioma o lengua de Castilla. El concepto de literatura hispanoamericana o iberoamericanos se aplica a las obras que fueron escritas y que su autor es del nuevo mundo, América, donde España expandió su dominio.

1.2 Épocas de la Literatura Española
Son tres grandes épocas:

1.2.1 La primera es llamada hispana–latina, que abarca el conocimiento de las obras escritas durante la dominación romana por autores nacidos en España, pero que se expresan en latín. Se ubica entre los siglos I y VII de nuestra era. Esta época a su vez comprende dos periodos.
a. El pagano, con autores como Séneca, Lucano, Quintiliano y Marcial.
b. El cristiano, cuyas figuras sobresalientes fueron Juvencio, Prudencio, y San Isidro de Sevilla.
 La segunda es la literatura hispano–arábica, que comprende el estudio de grandes escritores también nacidos en España, pero la lengua que dominaba era el árabe. A esta época pertenecen inmortales filósofos y poetas como: Avempace, Averroes, Albubeca, Avenzoar, Aventofail y Abenharefé. Se ubica entre los siglos VIII y XI.
 La tercera y más importante, es la Literatura Castellana o Española, es decir, la escrita en la lengua de Castilla, por escritores españoles.

1.3 La Literatura Española o Castellana
Corresponde a la tercera gran época “Castellana o Española” en la cual se distinguen también otros grandes periodos:
1.3.1 EDAD MEDIA: Comienza en el siglo V y dura hasta el siglo XV, este es el periodo de formación.
1.3.2 RENACIMIENTO O SIGLO DE ORO: Abarca los siglos XVI y XVII, es el periodo de plenitud.
1.3.3 EDAD MODERNA: Se caracteriza por una decadencia y luego un resurgimiento o neoclasicismo en el siglo XVIII, para terminar en el siglo XIX con la aparición del romanticismo.
1.3.4 EDAD CONTEMPORÁNEA: Es decir, el iniciado por la generación del 98 y presente en el siglo XX, hasta nuestros días. En estos se destacan el modernismo y el humanismo.

2. La épica y el mester de juglaría

2.1 Mester de Juglaría: Integrado por los juglares encargados de difundir el conjunto de poemas épicos que constituyen la poesía primitiva española. Mester significa oficio, empleo, ocupación. De juglaría, porque era realizado por los juglares.


2.2 El Juglar
La palabra juglar proviene del latín iocularis que significa juego, alegría.
El juglar es el poeta de todos, el poeta de la plaza pública que con frecuencia sube también a recitar en palacios y en castillos sin gran preocupación artística ni espíritu de escuela. Es un poeta ambulante casi actor, viaja recitando versos que aprende de memoria, canciones o fragmentos líricos o largas relaciones de hechos y sucesos que interesan al pueblo. Es el poeta colectivo por excelencia. El juglar ejerce tres clases de arte:
• Su arte personal.
• El de cantor que ejecuta una obra anónima vulgarizada, de la cual él se apropia refiriéndola a su gusto.
• La de ejecutor de la obra de un trovador, sintiéndose obligado a quedar fiel al texto recibido para cantar.
Los juglares fueron los encargados de difundir los primitivos poemas de gesta, pues no existía aún la imprenta, y las obras de carácter popular se divulgaban mediante la recitación de las mismas.

Entre los españoles había juglares cristianos y juglares árabes, pero no sólo habían juglares, sino también juglaresas o juglaras, sobre todo en el siglo XIII. Eran mujeres que andaban errantes ganándose la vida como bailarinas y cantantes; muchas veces se hacían acompañar por algún instrumento musical para hacer más lucida su presentación.

Estos personajes desaparecieron debido a que se volvieron mentirosos, ya que los reyes les pagaban para que inventaran historias acerca de triunfos en guerras, que no existían, y las declamaran en las plazas. En oposición a esta forma popular existía el arte de los clérigos llamados mester de clerecía.

2.3 Primeras manifestaciones
La Literatura Española tuvo sus primeras manifestaciones artísticas en la poesía, bien como sentimiento personal, fuente de la lírica, o bien como expresión de lo heroico, fuente de la épica. El hecho más trascendental en la historia medieval de España fue la expulsión de los musulmanes invasores, esta hazaña lleva varios siglos y fueron muchas las generaciones de hombres que lucharon contra los árabes o moros, como incontables fueron las batallas y las victorias. Por esta razón, las primeras manifestaciones literarias del pueblo español tuvieron que ser forzosamente cantos épicos, hechos para exaltar las acciones guerreras y resaltar a los héroes que la dirigían.

2.4 Cantares de Gesta
Modo en que se desarrolló la épica, fue en la época del medioevo donde salieron o se crearon los juglares, estos se difundieron, pero lamentablemente se han perdido muchos de estos poemas, y sólo nos queda “El Cantar del Mío Cid”, siglo XII, que es la primera obra escrita en castellano. Estos cantares de gesta tenían como misión cantar las acciones heroicas durante el proceso de formación de Castilla, que pasó de ser un condado a ser un reino. Se cree que el origen de los cantares es germánico, por su espíritu guerrero, pero de igual forma se le encuentra influencia árabe y francesa, las cuales influyeron en la Literatura Española.

El Cantar del Mío Cid
El Cantar del Mío Cid relata las peripecias de un héroe nacional castellano. Está compuesto de 3730 versos y fue compuesto hacia 1140. Fue cantado oralmente por los juglares de la época. Su métrica es bastante irregular, por la fluctuación silábica. Esta obra fue anónima y el poema está dividido en tres cantares.


Trascendencia del poema
El viejo cantar de “Mío Cid”, vulgarmente llamado “Poema de Cid”, tiene para el mundo de habla castellana la trascendencia de ser el primer monumento conocido de la literatura española.
Autor
Se ignora hasta hoy. Se supone que debió ser vecino de Medinaceli o de algún lugar cercano por lo bien que describe esos parajes. Se deduce también después de trasmitirse por tradición oral, debió escribirse este CANTAR por primera vez, hacia el año 1140, unos cuarenta después de la muerte del Cid acaecida en Valencia en el año 1099.
En el siglo XIV (1307) un señor Pero Abbat sacó una copia manuscrita que es la que se conoce y que un poco mutilada, todavía se conserva. En ella faltan las dos primeras hojas que posiblemente contendrían, entre las dos, unos cien versos.
El héroe
Rodrigo Díaz de Vivar, conocido también por la abreviatura de Ruy. Cid significa señor, y Campeador. El batallador, el vencedor. Sus hazañas y proezas sobresaltaron la fantasía popular. Mantuvo la supremacía de Castilla y probó con su ejemplo que los españoles podrían oponerse siempre a los musulmanes.
Contenido de la obra
Se halla dividido en tres cantares:
CANTAR DEL DESTIERRO: Por razones poco conocidas, el rey castellano Alfonso VI expulsa al Cid del territorio castellano. Al destierro va el héroe con sus huestes; lucha y recupera territorio invadido hasta llegar a Valencia, la gran plaza fuerte musulmana.
CANTAR DE LAS BODAS: El sitio y conquista de Valencia facilita la fama del héroe y el perdón del monarca. Sus hijas Elvira y Sol son pedidas en matrimonio por Alfonso para los nobles leoneses, los Infantes de Carrión.
CANTAR DE LA AFRENTA DE CORPES: Los Infantes agraden y abandonan a las hijas del Cid como venganza contra el Cid. Este logra que el rey haga justicia con los cobardes y otorgue nuevo matrimonio de sus hijas con los Infantes de Narváez y Aragón. Así el Cid se emparenta con los reyes de España y ve recuperado su honor político y social.

3. El mester de Clerecía
3.1 Mester, deriva de ministerium, que equivalía a ocupación, y la voz clérigo que después fue sinónimo de sacerdote, significaba al principio letrado, culto, ilustrado, de donde venía clerecía.
3.2 El clérigo, en la Edad Media, equivales a lo que hoy llamaríamos el intelectual; es el poeta del monasterio, de la iglesia, depositaria de la cultura tradicional. Escribía teniendo en cuenta la métrica y los artificios del estilo, era un estudioso. Tenía en cuenta los temas eruditos de la antigüedad. Su inspiración y sus fuentes se hallaban en los libros.
3.3 Temas: Si los temas de la poesía juglaresca eran exclusivamente heroicos – guerreros, los temas de los clérigos estaban relacionados con verdades morales y religiosas, y se hacían para adoctrinar al pueblo. Los temas preferidos por el mester de clerecía eran:
3.3.1 Hagiografías: Escritos sobre la vida de santos españoles.
3.3.2 Liturgia cristiana: Ceremonial religioso
3.3.3. Temas marianos: Textos sobre la vida y milagros de la Virgen.
3.3.4 Asuntos de la antigüedad grecolatina, adoptados al medio castellano.

BIBLIOGRAFÍA:
http://www.logosquotes.org/pls/vvolant/rol_ml.vvdel?im





Después de escuchar el vídeo podrán escoger letras de cancioes vallenatas para hacer el ejercicio de comparación y presentarlo en la clase.

domingo, 6 de febrero de 2011

ORIGEN DE LA LITERATURA ESPAÑOLA

A continuación aparecen tres videos sobre la historia de la invasión de la península ibérica, el origen de la literatura española y los comienzos de la edad media.

Se trata de escuchar la información y luego sintetizar las ideas principales en tres esquemas o tres mapas conceptuales, teniendo en cuenta el asunto central o tema y lo que se dice en cada uno de los vídeos.


http://www.youtube.com/watch?v=WPLhpVc7KFk&feature=related


http://www.youtube.com/watch?v=QRIXcKxzUq8
Hola Queridos estudiantes Años Lectivo 2011-2012

Les brindo la oportunidad de leer algunos textos de diversos autores, cuidadosamente seleccionados, con el propósito de ampliar y mejorar los conocimientos sobre otros mundos pasados y presentes. Es posible que también se diviertan y puedan reflexionar sobre los planteamientos de los mismos.

También será un espacio para publicar los mejores textos de los estudiantes que logren después de una cuidadosa producción, expresar con sentido y significado ideas y emociones.

BIENVENIDOS